05 febrero 2009

... NADAR

Aprendí sin que pretendieran enseñarme, que debes cerrar los ojos para no caerte al caminar. No quiero escuchar tus explicaciones porque no es a mí a quien le incumbe escucharlas. Explícate a tí mismo lo que haces y si eres feliz así mejor para los dos. Pero no me hagas responsable de tus faltas, yo que estoy en mi mundo aislada de todo lo que me pueda dañar. Puedes mirarme en mi pecera de cristal, incluso puedes nadar en ella conmigo si alguna vez no te apetece mojarte solo, pero no me expliques porqué lo haces, ni porqué ahora, ni porqué yo. Puedes nadar en mi pecera cuando la tuya esté tan turbia que no distingas el bien del mal, pero no me pidas que yo nade en tus turbulencias.

No quiero ser la que se revuelva en su cama por las excusas imaginativas que tú mismo te crees. No quiero escuchar palabras dialécticas que suenen tan bien que dormirían a un bebé... porque yo las entiendo, y eso me hace diferenciar las que suenan bien de las que son buenas.


Aprecias a las personas por una realidad que conoces de ellas. No quiero conocer aquello que, aunque esté pasando ahora, puede alejarme de ti. Tengo más defectos que tú y las personas que tienes a cien metros a la redonda juntas... no necesito que te excuses, seguro que tus razones eran mejores que las mías.

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